Puedo ver las paredes ardiendo,
ladrillos cayendo en llamas a mi alrededor,
yo voy por entremedio pasando
mientras todo arde dentro del nubarrón.
Me fui de un lugar a otro,
me salté los días,
entre abrazos rotos
pensé que ya no volvías,
pero volviste a tomar tu lugar
y seguiste como profecía cumplida
gobernándome siempre
sobre el ardiente altar.
No puedo seguir sosteniendo en mi mano
estas flores arrancadas en vano,
pero tampoco quiero controlar el flujo,
los impulsos, los desaires ni desconsuelos.
Se que estoy ardiendo,
porque todos los días
dentro mio alguien llora,
y aunque no se note,
me seco y salgo corriendo
porque no hay demora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario