Existen unos arboles que hablan, sienten, caminan y tienen mil años. otros en cambio, no hablan y sus raíces no los dejan avanzar adonde ellos quisieran, porque están firmemente aferradas y enterradas en la tierra que los mantiene vivos. en los primeros, hay una necesidad de moverse, de caminar, de viaje. en los segundos, hay una arraigada comprensión de que el movimiento es circular. ambos son sabios.
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